jueves, 24 de abril de 2014

Ansiadas vacaciones


Para fin de año siempre viajamos a Bs. As.  En un paseo por la feria de Belgrano mi mediana quiso un vestidito para la playa. Se enamoró de unas telas pintadas a mano y quería uno. No había y sólo compramos la chalina con la promesa que se iba a transformar en vestido.

Así era:

chalina pintada a mano


Así quedó:
(Esta es mi pequeña y no mi mediana)

vestido de playa

Tan fácil como cortar la tela a la mitad, hacer unas trenzas de cuatro para los breteles, unos frunces y unas costuritas en los costados. 

Nota mental: la máquina de coser no sirve para todo, hay cosas que mejor coserlas a mano. Queda para la próxima!


Otra mirada 

Con esta tela, su forma original y su cambio pensé en nuestras estructuras y en lo arbitrarios que somos a veces con nuestros hijos. Vemos las cosas de una manera y así queremos que se queden. Ahora me encuentro en el dilema de encontrar alguna suerte de equilibrio criando a mis hijas. 
La cultura de hoy nos habla de placer, disfrute de las cosas, diversión, autoestima fuerte y todo se lo damos a nuestros hijos, cedemos ante ellos. Está bueno eso, pero a la vez no puedo evitar pensar que nuestros papás nos dejaban bastante solos y así aprendimos a confiar en nuestro criterio para resolver las cosas. Nos hicimos fuertes (con una autoestima para trabajar tal vez) resolutivos, responsables y consecuentes. 
Sin embargo nos aferramos a la fórmula de hoy para criar a nuestros hijos. Y me pregunto en qué momento van a desarrollar esas destrezas o actitudes que nosotros aprendimos. 
Cuándo van a aprender que son perfectos (pero para ) y que van a haber cosas en las que van a fallar o probablemente no van a estar a la altura, y eso está bien.
Si les enseño que hay veces que no tenemos lo que queremos y que probablemente nunca lo tengamos y eso está bien. 
Que la vida no siempre es diversión y entretenimiento, que hay cosas aburridas, dolorosas, tristes, amargas y que eso está bien
Y no sólo que está bien, si no que eso es la vida y tenemos que ser agradecidos y creativos con lo que recibimos, para disfrutarlo, sorprendernos y también valorarlo, porque al final del día valoramos más lo que nos cuesta algo de esfuerzo. Como este vestidito de mi hija, que tiene valor para ella porque yo trabajé para que lo tenga y ella tuvo que esperar 3 meses para tenerlo. 

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